Dama de hierro

Carlos Enrique Zúñiga Fumagalli

¿Recuerdan a Margaret Thatcher? La primer ministro inglesa que durante años hizo temblar al mundo. Esta valiente señora hizo historia y será siempre recordada por su legado. Uno se pregunta si esa fortaleza y tenacidad tiene que ver con el origen étnico o la sociedad en la cual nacen y se forman estas excepcionales personas. ¿El valor y fortaleza de Margaret sería producto de su raza?


La historia nos demuestra que poco —o nada— tiene que ver el origen étnico de las damas que han sido líderes ejemplares. Basta con listar algunos nombres como Indira Gandhi, Golda Meir, Eva Perón y tantas más para darnos cuenta de que el liderazgo no conoce colores, religión, ideología ni casta; más bien pareciera producto de damas correctas que comparten la fortaleza de creer y defender sus principios.


Los guatemaltecos tenemos la dicha de contar con nuestra propia “dama de hierro”, la diputada Nineth Montenegro. Sinceramente es un ejemplo de vida para todos y representa un modelo que espero emulen cientos de jóvenes ante la búsqueda de un mejor país. Persona de cuna humilde, pero criada en un hogar con principios y con fortaleza para afrontar tanta confrontación y sufrimiento. A pesar de su lucha tenaz que le ubicó en los ámbitos revolucionarios como resultado de la guerra fría, ella ha evolucionado a convertirse en la diputada más valiosa de nuestros tiempos.


Ella sí firmó la paz en su corazón y dedicó su vocación de servicio a la construcción de un Estado de Derecho. Hoy en día, vemos a una guatemalteca altamente calificada, valiente, tenaz y productiva que nada siempre contra la corriente de los abusos de poder y la corrupción. Lejos de ser perfecta, es una ciudadana ejemplar. Con su bandera blanca exigiendo todo el tiempo cuentas claras y transparencia en el manejo de los recursos del pueblo, en una cruzada solitaria por un Estado más honesto y menos corrupto. Es un curul blanco en un pleno teñido de negro, un oasis en un desierto desolador de desesperanza, una roca en el zapato de tanto corrupto que campea hoy en día en el Estado.


¿Imagínense, queridos lectores, cuántas veces ha sido tentada con los sobres repletos de lana? Más aún, ¿cuántas veces no será amenazada su integridad personal y la de su familia? A pesar de tanta dificultad, ella continuó valientemente y con suma eficacia su tarea de verdadera representante de su pueblo. Porque cuidar del uso honesto y adecuado de los recursos que pagamos con impuestos es una de las principales tareas de un diputado.


Por eso, doña Nineth, no me arrepiento de haber votado por usted en los últimos dos comicios; a pesar de que lamenté mucho apoyar al mismo tiempo a varios trasnochados de izquierda que se le colgaron de la boleta. ¡Hoy, más que nunca, celebro que usted sea mi diputada!


Le puedo asegurar que la gran mayoría de guatemaltecos admiramos su postura y respaldamos su arduo trabajo. ¡No está sola! Hasta la fecha ha soportado una serie de intimidaciones públicas, producto de declaraciones prepotentes de los más altos niveles del Ejecutivo y el Gabinete.


Que le venga flojo, usted está actuando en ley, cumpliendo no solo con la Constitución , sino —lo que es más importante— con principios éticos que no tienen precio. “Si te critican las fuerzas del mal, date por servida ante los ojos benditos del Señor.” CEZF.